Relaciones difíciles: suegra-nuera

“No nos agrada el novio de la niña”. “Nuestro hijo ha escogido una pareja equivocada”. “No nos cae bien en casa”. Son oraciones que muestran el rechazo a la persona escogida por un hijo o bien hermano, a cualquier edad. La oposición abierta crea frustración, rebeldía y empecinamiento. En ocasiones revela preferencias por las parejas de otros miembros de la familia y genera resentimientos; a veces es motivo de distanciamiento entre progenitores y también hijos y hermanos. En ocasiones los motivos del rechazo son comprensibles: un pasado poco ejemplar, la carencia de “oficio y beneficio”; otras responden a actitudes sociales –matrimonios precedentes, hijos de relaciones pasadas, diferencias de estatus económico; y en otras obedece sencillamente a la carencia de química.

Las relaciones entre suegra y nuera no son siempre y en toda circunstancia simples. En ellas se mezclan sentimientos contrarios vividos de forma intensa y que, además de esto, viran siempre y en todo momento en torno a un solo personaje, el hijo-marido, que debe actuar como intercesor entre las dos.

Hablar mal a tu hijo sobre su esposa lo pone en una situación realmente difícil y debes evitarlo por el hecho de que le debe fidelidad y protección. En un enfrentamiento con una suegra, todos salen perjudicados.

Los enfrentamientos acostumbran a surgir por el hecho de que las dos partes sienten una invasión de territorio. Una suegra frecuentemente es inútil de compartir con otra persona el hijo al que lleva veinte años criando y siente que alguien está procurando ocupar su sitio. Estos temores van intrínsecos en la naturaleza protectora de la madre.

Ocurre asimismo que ciertas suegras viven con una idea preconcebida de la nuera que desean tener; al no cumplirse las esperanzas, se desencadena un sentimiento negativo, prácticamente involuntario, y se consideran las resoluciones de la nuera como actos de rebeldía.